viernes, 18 de diciembre de 2009

Charlaba con un amigo progre de mi vieja, un tipo que escribe libros sobre genocidios, demente necrófilo que le puso una trampa genial al Cardenal Bergoglio para lograr que le abra un archivo con documentos de la Campaña al Desierto.
Al lado había otro (era una cena en un peruano pro, andaba por ahí Bonasso); dinosaurio del PC, viudo, feliz de su nueva integración al mundo. La charla era sobre el amor.
El necrófilo, le explicaba al viudo que hoy día el amor es breve y rápido. "Las personas pueden desaparecer en un mes", "una semana", "poco tiempo". Y después pasan a otra cosa.
El vuido no lo podía creer, que cómo, que yo no lo entiendo, que vos, Florencia, ¿lo apoyás? Yo quería escuchar un poco más antes de dar respuesta alguna.
Y sí, decía el de Bergoglio, las relaciones están más hechas mercancía. Podés consumir una semana una persona. Un poco flojo el tipo, pero bueno, sesenta y pico de años, sobrevivió a la hecatombe del tejido social, no se le podía pedir mucho más.
No es que yo lo practique, pero tiene algo de razón. No podía decir nada más coherente.
El necrófilo igual aclaró que el amor existe.