martes, 13 de enero de 2009

Woody se haría la fiesta loca: sentada frente a un persona con la que me encuentro solamente para evitar todo contacto real con cualquiera, escucho bien lejos su vida, una idea delirante sobre psicoanálisis, y en cinco minutos más, me siento el peor chongo de la Paternal a punto de enfiestarse y dormirse. Terrible.
O lo real, o lo terrible, es que entretanto me llaman por teléfono para decirme cosas importantes, y no puedo prestar atención, ni demostrar mi entusiasmo, porque al lado está sentada la del bardo de la incomunicación.