Tenía un trabajo de noche en una megatorre plateada con departamentos chiquitos y guardias de seguridad, yo vivía enfrente; no me acuerdo el clima. La chica del quiosco era medio stone, le compré cigarrillos una de esas noches a la vuelta, y le dí un papelito con mi número para encontrarnos en casa a los quince minutos.
Cuando tocó el timbre sonó el teléfono: la cantante había muerto.