-No te creas que porque estudio Sociología me caben los militantes. Todo lo contrario, me parecen más bien pelotudos que reparten volantes y van a elecciones como si la política tuviera un centro. Y no, nada que ver, no hay centro, hay articulaciones contingentes que pueden darse para activar luchas específicas en momentos particulares.
-Bueno, pero tenés que entender que el Centro de Estudiantes no es el equivalente al "centro" epistemológico que decís vos. O te pensás que por cada trosco que vos puteás estás deconstruyendo a Lenin.
- No, me parece que no me entendés. Igual nada, no importa. Yo tengo que buscarme interlocutores válidos.
- O dejar de ponerte, justamente, como centro de todas tus afirmaciones. No se te va a caer una sola idea mientras sigas pensando que la política pasa por la validez de tus interlocutores. Mucho menos la amistad, el amor, lo que sea.
- No empecemos con las elucubraciones que no conducen a nada.
- Lo que no conduce a nada es vivir midiendo lo que te rodea de acuerdo a qué tan bien te deja parada, o si te sirve para confirmar lo bien que te manejás en la vida. Como justificación, me explico.
miércoles 18 de noviembre de 2009
Había una vez una chica que trabajaba en un super chino. Un día pasó por la caja un chico precioso, con cinco cervezas y varios vinos, sobres de Tang y limones. Efectivo o tarjeta? Le dijo para elevar el nivel del chino, donde nunca se hacían esas preguntas que se dan más bien en Coto o en los más grandes. Efectivo, le contestó. Poca gente hoy, no? Hace un calor. Sí, está insoportable. Si te parece, más tarde podemos tomarnos una cerveza, va a estar linda la noche.
La chica le dijo que sí, pero el no pasó. A la semana siguiente volvió y estaba con un amigo. Le pareció raro que se tocaban el hombro como cuidándose, para pasar por el molinete amarillo que divide el hall de las góngolas. Después vio por la cámara del mostrador, que se chuponeaban al lado de la heladera de Quilmes.
Cuando llegaron a la caja, ella lo saludó y nada; les cobró y puteó por dentro porque encima se cagaban de risa de que la casa de uno de ellos estaba vacía y hacían fiesta. Mis papás, Tailandia y las putas vacaciones. Encima tardaron en pagarle porque se hacían chistes y se reían tanto, que tenían que volver a contar la plata.
Otro día el putito volvió y la invitó a tomar cerveza. Ella medio que se olvidó del pasado inmediato y le dijo dale, pasame a buscar a las diez. Pero esta vez él cumplió. Fueron a la famosa casa que todavía estaba sin padres, fumaron y casi cogieron pero no, porque él terminó muy borracho y apenas llegó a acostarse, vestido, y pedirle a ella que apagara la luz.
Empezaron a verse varias veces por semana. A pesar de que le parecía un borrachín bastante egoísta y pendejo, había momentos en que se conmovía. Le daba ternura, como una conexión más allá de las noches efectivas de bronca porque nunca le preguntaba cómo estaba o cosas concretas sobre su vida.
La última vez, pasó que llegó a visitarlo y la estaba esperando con el amigo. Le dijeron de hacer un trío. Si querés te podés quedar a domir, o te pago un taxi. Aceptó porque él le gustaba bastante, y por ahí si se armaba esa noche, después no pensaba que ella era una minita con ansias de matrimonio. Pero terminaron y le dijo que mejor no se quedara, porque al otro día llegaban temprano sus padres.
En la parada del colectivo se dio cuenta de que se había olvidado de darle un CD que le había grabado.
La chica le dijo que sí, pero el no pasó. A la semana siguiente volvió y estaba con un amigo. Le pareció raro que se tocaban el hombro como cuidándose, para pasar por el molinete amarillo que divide el hall de las góngolas. Después vio por la cámara del mostrador, que se chuponeaban al lado de la heladera de Quilmes.
Cuando llegaron a la caja, ella lo saludó y nada; les cobró y puteó por dentro porque encima se cagaban de risa de que la casa de uno de ellos estaba vacía y hacían fiesta. Mis papás, Tailandia y las putas vacaciones. Encima tardaron en pagarle porque se hacían chistes y se reían tanto, que tenían que volver a contar la plata.
Otro día el putito volvió y la invitó a tomar cerveza. Ella medio que se olvidó del pasado inmediato y le dijo dale, pasame a buscar a las diez. Pero esta vez él cumplió. Fueron a la famosa casa que todavía estaba sin padres, fumaron y casi cogieron pero no, porque él terminó muy borracho y apenas llegó a acostarse, vestido, y pedirle a ella que apagara la luz.
Empezaron a verse varias veces por semana. A pesar de que le parecía un borrachín bastante egoísta y pendejo, había momentos en que se conmovía. Le daba ternura, como una conexión más allá de las noches efectivas de bronca porque nunca le preguntaba cómo estaba o cosas concretas sobre su vida.
La última vez, pasó que llegó a visitarlo y la estaba esperando con el amigo. Le dijeron de hacer un trío. Si querés te podés quedar a domir, o te pago un taxi. Aceptó porque él le gustaba bastante, y por ahí si se armaba esa noche, después no pensaba que ella era una minita con ansias de matrimonio. Pero terminaron y le dijo que mejor no se quedara, porque al otro día llegaban temprano sus padres.
En la parada del colectivo se dio cuenta de que se había olvidado de darle un CD que le había grabado.
miércoles 22 de julio de 2009
21
Mi generación de la última década del siglo XX consume la experiencia siempre tajeada por fantasías de utilidad; muchos consumen su presente como licuadoras, pastillas o dibujos animados. Y cuando el presente los defrauda -porque antes se engañaron a sí mismos- caen en pozos muy hondos del fracaso, y nadie los salva.
Mi generación de la última década del siglo XX consume la experiencia siempre tajeada por fantasías de utilidad; muchos consumen su presente como licuadoras, pastillas o dibujos animados. Y cuando el presente los defrauda -porque antes se engañaron a sí mismos- caen en pozos muy hondos del fracaso, y nadie los salva.
martes 21 de julio de 2009
19
Los seres anticomunitarios me permiten alumbrar el fracaso de la experiencia política fundamental, es decir del amor.
Los seres anticomunitarios me permiten alumbrar el fracaso de la experiencia política fundamental, es decir del amor.
12
Se difunde como un virus la descomposición de la buena fe, a tal punto que se usan para justificar esa misma descomposición pases de magia idealistas como el desapego del bien.
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